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Mostrando entradas de junio, 2013

Mario. Mario. Mario. (II)

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“Hay días en que la recuerdo y me pregunto: ¿Qué estará haciendo? Hay noches en que la extraño y me pregunto: ¿Qué me estoy haciendo?”
— Mario Vargas Llosa.

Telón.

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[...]

VALENTINA.- ¡Un, dos, tres! ¡Fuego! (Da uno, dos, tres pasos; en línea recta. Lanza el plato decorativo contra el suelo)
VALENTINA.- (Grita) ¡Es que no me oyes, cretino! ¡Ven a por mí! ¡Ven a por mí, si te atreves! ¡Párteme el alma, como hiciste con mi cuerpo! ¿Por qué no sigues, ahora que te lo imploro? ¡Nunca vas a complacerme, nunca! (Estalla en lágrimas)
(Se acerca al cadáver de Marco y lo mece suavemente) VALENTINA.- Hoy han enmudecido los silencios. No puedo oír tu voz de trueno. Debe ser que se ha congelado mi memoria, o se han parado mis desgracias. Hoy, soy libre, y renazco de nuevo.
(Besa el cadáver en los labios) VALENTINA.- Y sin embargo, ya te echo de menos.

El silencio irrumpe en un aplauso multitudinario que no cesa hasta bien pasados los dos primeros minutos. Carla no puede dejar de dar las gracias y lanzar besos al respetable, que vitorea su nombre y le dedica gestos de máxima aprobación. Críticas favorables y amantes del teatro satisfechos. Todo a su favor gracias …

Gorda.

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Aunque al desnudarla no me di cuenta, cuando nos miramos supe que de niña había sido gorda.
A decir verdad, no tenía una mirada enajenada, ni se mordía las uñas. Tampoco se acicalaba el cabello como las otras y en su cuerpo no quedaban apenas marcas de bollería industrial. Sus pies no eran redondos, y tampoco conservaba pliegues de piel  de envoltorio. No olía a pan, ni a natillas y sabía a chicle neutro. Si bien es cierto que murmuró alguna obscenidad inapropiada, su pasividad me habría resultado totalmente decepcionante. Así que, en definitiva, aquella mujer no aparecía en mi manual de Reconocimiento de Mujeres de más de Ochenta Kilogramos. Compréndame, por aquel entonces, yo aún era joven. Buscaba indicios de sobrepeso en todas partes porque, tras ciertas cavilaciones, tenía la teoría de que las mujeres redondas eran más propensas al enamoramiento obsesivo.

No obstante, siguiendo mi propia receta, había elaborado un manual de cinco pasos para reconocerlas. Pero ¡já! cuando ya pens…

Cada vez que nos gritamos.

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Y es posible que tengas razón y esté loco. Que sea un chalado de esos que van por la vida corriendo y arriesgándose aunque estén realmente acojonados. Pero no puedo evitarlo. Y aunque tú creas en todas esas mentiras de los Horóscopos, ni a ti ni a mí nos ha unido el destino. No hemos sido programados para encontrarnos. Tus circunstancias no se cruzaron con las mías, y la vida no es ningún camino que tengamos que recorrer juntos. Estoy cansando de toda esa basura. Pero, mira. Tómate un respiro ¿vale? No voy a dejar de venir a verte aunque acabemos siempre discutiendo por gilipolleces. No voy a dejar de quedarme hasta que me digas que me quieres, o que me necesitas, o que te abrace, para luego volver a pelearnos. Si hay algo que tengo claro es que tal vez, aunque nuestra historia sea tan difícil y absurda, no va a ser fácil volver a vivir algo como esto. Y sí, quizá seamos dos locos intentando sostener esta mierda al margen de todas las mentiras que nos hemos contado. Pero ya no puedo…