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Hoy quemamos Madrid (o cómo ser el culmen de la pedantería)

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Odio salir de noche. Puedo ser la que más baila, la que más se ríe. También puedo fingir que no veo la podredumbre social discotequera. Pero hay una cosa que nunca puedo hacer: hablar con desconocidos. Es superior a mis fuerzas. Mi abuela dice que soy capaz de espantar a cualquiera. Especialmente, a aquellos voluntariosos que se atreven a decirme hola. Por eso odio salir de noche. Hay demasiadas posibilidades de que un extraño se pare y te mire, te coja de la mano y crea que eres la pareja ideal para bailar bachata.  Esa es la razón por la que llevaba evitando las salidas hasta las tantas desde hacía mucho tiempo. Medio año. El fin de semana pasado, sin embargo, volví a la jungla. A los Mr. Darcy y a los Mr. Bingley. Pelo largo, raya en medio, ropa que creía haber escondido en un rincón. Los tacones, mejor out. Estuve a punto de rajarme porque el día antes había dormido dos horas. Don't ask me why.  - Venga Parvati, hoy quemamos Madrid.  Cuerpos movedizos, mujeres desterradas, ho…

Cómo ser otra persona con unos sencillos martillazos (puerta secreta y directa, sin trasbordos)

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Primera lectura Por llegar diez minutos tarde, –"¡diez minutos, abuela, por Dios! ¡No es una vida!"–, mi abuela me castigó dos semanas sin salir por la noche. "Por la noche" significaba hasta las doce en punto. Tenía catorce años, cinco amigas y unas ganas locas de vivir la vida en la urbanización playera. Por desgracia, mi abuela no tenía los mismos planes para mí.  –Sólo podrás ir y venir a la playa conmigo por la mañana y por la tarde.  –¿QUÉ? –Esas amigas tuyas no me gustan ni un pelo.  Aunque sospechaba que mi abuela tan sólo buscaba un buen samaritano que le llevase la hamaca y la toalla –nunca la bolsa, nave del misterio de toda sexagenaria voluptuosa– tuve que acatar la recién implantada ley marcial.  Y así, salíamos a las diez y media y volvíamos a la una. Telediario, tute y siesta. A las cinco y media, caminábamos bajo el sol abrasador hacia el mar. A las ocho volvíamos, a las diez "en la cama estés". Al día siguiente, vuelta a empezar. Mi …

Brillante, divertida, hilarante, única. (The Guardian, sobre una escena de mi vida).

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La tutora entró en la clase con sonrisa abierta, falda de pompa, cabello voluminoso. –¡Ya tenemos excursión de fin de curso! Notición. Éxtasis. Adolescentes apretados en sus dieciséis años. Desmayados, atrevidos, furiosos, ásperos, tiernos, liberales, esquivos. La imaginación de las niñas por encima del simple daydreaming. Nada nos hacía más felices que soñar encuentros y desencuentros, vestidos para el día y la noche, el pijama de Oysho, la radio, las chanclas, la toalla, el jersey de invierno. ¿A dónde iríamos? Decían que Roma había sido descartada porque, pese al aura papal que desprendía, un curso fueron cuarenta y volvieron cuarenta y uno.

¿Atenas, quizá? ¡Ay, la Hélade! Los murmullos se sucedían. Pilar, la profesora de Griego, podría hacer de guía por las calles que vieron nacer a la democracia. Ninfas, efebos danzantes, caderas de cariátides.  Otros, más conocedores de los mapas, decían Beirut, Macao, Kioto, Pretoria. Los más prudentes, Barcelona. La tutora dejó que diéramos ri…

Cuando las barbas del vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar.

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"O vienes y me cortas el pelo o hago una locura". El mensaje no podía ser más claro. O salía de mi casa a aquellas horas de Dios –zapatillas, jersey de estar por casa, ¡moño!– y le cortaba el pelo, o se lo cortaba ella misma.
"Una cosa es que Inés esté preparada para cambiar su vida –¿lo decía Coco Chanel? ¿o Richard Gere en Unfaithful?– y otra muy distinta es que me haga cómplice bajo amenaza" pensé mientras me vestía. "Pero, ¿a quién voy a engañar?", cavilaba y me apretaba el moño, fuerte, frente al espejo "la idea me divierte. Dudo que nadie más me permita acercarme a su cuero cabelludo con tales intenciones y, mucho menos, una amiga que me conoce y sabe que no sé ni cortar jamón".Antes de salir de casa, y a sabiendas de que el mensaje podría haber sido fruto del spur of the moment, dirían los británicos, del brote, de la euforia del instante, la escribí.  "¿Arrepentida?" La respuesta fue inmediata. "VEN".

* –Éstas son las…